Música sin prisa – Godspeed You! Black Emperor
En estos tiempos donde todo parece programado para ayer, donde apenas podemos respirar y la vida diaria nos asfixia, nos viene muy bien una sobredosis de música sin prisa. Una música que se desarrolla lentamente y crece tanto como ese gigante que todos llevamos dentro; que te confronta contigo mismo y te hace sentir profundamente a través de motivos repetitivos que evolucionan sin urgencia pero que crecen hasta ensordecernos.
La banda, formada en 1994 en Montreal, Canadá, nos brinda la música que realmente necesitamos en estos tiempos: loops que nos embarcan en viajes hacia lugares nunca antes vistos ni escuchados. Tocan fibras que a veces solo logramos sentir en el mundo onírico; esa oscuridad surrealista de Beksinski que parece cada vez más cercana a nuestra realidad. Sin embargo, su música siempre encuentra una salida: como el agua, siempre desemboca en el lugar indicado, labrando las piedras (nosotros) para contagiarnos de su poder.



No es común que el silencio reine en un concierto. Eso ocurre solo cuando el artista ha capturado la atención del escucha al cien por ciento e incluso más allá. Se apodera de ti, te engancha y no te suelta; te deja queriendo más en todo momento. Esto fue exactamente lo que sucedió el sábado pasado en el C4 de Zapopan
Presentando su octavo álbum, ‘NO TITLE AS OF 13 FEBRUARY 2024 28,340 DEAD’, Godspeed You! Black Emperor nos pone frente a una cifra que hiela la sangre. En un presente que nos asfixia, ellos logran transmutar ese luto en una urgencia sonora que te atraviesa. Es un trabajo político y visceral donde el ruido no es solo ruido, sino el grito del mundo, y donde el silencio funciona como un espacio para ese luto necesario. Es, en esencia, la búsqueda de una luz que solo se encuentra tras haber atravesado la oscuridad más profunda.



La música refleja ese sentimiento de pérdida, pero también esa ‘extraña esperanza’ de la que les hablaba: como el agua que, aunque el camino sea oscuro y pedregoso, siempre encuentra una salida para desembocar en la luz, labrando nuestra propia dureza en el proceso.
Con ‘The Sad Mafioso’, la audiencia entró en un trance colectivo donde la oscuridad del riff de guitarra nos guiaba por un camino conocido, pero nunca antes pisado. Es esa sensación onírica de soñar con alguien que no luce como lo conocemos físicamente, pero sabemos con certeza que es ‘esa’ persona. De su música emanan emociones que todos albergamos, pero que rara vez nombramos por ser oscuras e intimidantes. El concierto fue una bomba emocional; un ejercicio de introspección profunda que muchos de nosotros agradecemos y recordaremos por mucho tiempo.
Txt: Hugo Mijangos | hugo_mijangos_music
Fotografía: Leslie del Moral | lesliedelmoral
Presentado por ACK Promote
