Treinta años escribiendo su propia odisea: Symphony X en Guadalajara

Hay conciertos a los que vas con expectativas altas y salen bien. Y luego están las noches como esta; cuando sales de un foro con la rara sensación de haber vivido algo que va a ser muy difícil de igualar. Symphony X en el C4 fue exactamente eso.

Las bandas abridoras
La noche empezó en casa, literalmente. Drakma es una banda 100% tapataí. Oswaldo Navarro en voz, Adrián Salcido y Aldo Antonino en guitarras, Andreas Plata en bajo y Alejandro Navarro en batería. Aldo es incorporación reciente a la alineación, pero no lo parecía para nada, él y Adrián se complementan de una manera que te cuesta apartar los ojos del escenario. Sin exagerar, son de lo mejor que hay en la escena metalera local ahorita.
Tocaron cinco temas: Ciclos, Fuego al corazón, Navegante, Hecatombe y Dragón de Metal (todos disponibles en plataformas de streaming), por si saliste del show con ganas de más (y si los viste, seguro saliste con ganas de más). Después tomó la estafeta Andy Addams para terminar de calentar al público antes de lo que todos estábamos esperando.

Symphony X: cómodos, contentos y excelentes
Una de las primeras cosas que notas cuando Symphony X sube al escenario es lo a gusto que se ven. No hay tensión, no hay poses, se les nota que están genuinamente contentos de estar ahí tocando juntos. Y eso se siente en la música.


Michael Romeo es de esos guitarristas que te generan una mezcla de admiración y algo parecido a la indignación. Sabes perfectamente lo difícil que es lo que está tocando, y aun así ahí está él, con el brazo derecho recargado en la guitarra, ejecutando legatos con solo la mano izquierda, con cara de aburrido. Pero no está aburrido, es un performance. Él sabe exactamente lo que está haciendo, y parte del show es precisamente ese: hacer que algo ridículamente difícil parezca un calentamiento. Como si estuviera esperando el camión. Eso, de alguna manera, lo hace todavía más impresionante.



Ahora, si le estabas poniendo atención solo a Romeo, te perdiste la mitad del show. Michael LePond en el bajo es de esos músicos que es muy fácil ignorar, y eso sería un error enorme. LePond toca en el bajo las líneas de Romeo. En serio, ponle atención al bajo un momento y te vas a dar cuenta de que hay otro concierto ocurriendo al mismo tiempo. Está impresionante.

Y Russell Allen. ¿Qué decir de Russell Allen? Posiblemente la voz más imponente que he escuchado en vivo. Potencia, control, presencia escénica. Tres décadas en esto y no da ninguna señal de que algo haya cambiado.

De los momentos que más recuerdo, en “Nevermore” (casi seguro que fue ahí) Michael Romeo terminando su solo tocó un armónico natural con la mano desde la parte alta del mástil. En ese momento, Russell Allen se acercó, puso la mano desde abajo del mástil, soltó el micrófono haciéndolo girar hacia arriba, lo cachó en el aire… y entró a cantar. Épico es la palabra. Esas cosas se ensayan,y si no, salen mal… y les saliuó perfecto. Fue uno de esos momentos que te recuerdan por qué vale la pena ver bandas en vivo.

El setlist

  1. Of Sins and Shadows
  2. Sea of Lies
  3. Out of the Ashes
  4. The Accolade
  5. Smoke and Mirrors
  6. Evolution (The Grand Design)
  7. Communion and the Oracle
  8. Inferno (Unleash the Fire)
  9. Nevermore
  10. Without You
  11. Dehumanized
  12. Set the World on Fire (The Lie of Lies)

¿Me quedé con ganas de escuchar The Odyssey? Claro que sí. Pero esa canción sola se hubiera comido casi un tercio del concierto. Y lo que hubo estuvo tan bien armado que es difícil quejarse.



El sonido: el único pero
El C4 tiene sus cosas, y esa noche la mezcla no estuvo a la altura. En varios momentos se perdió definición entre los instrumentos, lo cual en una banda donde todo está tan entretejido se nota bastante. No arruinó nada (con músicos de ese nivel es prácticamente imposible), pero sí da un poco de coraje pensar en cómo hubiera sonado con una mejor mezcla de sonido.

TXT: Ricardo Ortíz «Wany»: IG wanyprod
Fotografías por Fanny López: IG fannylopezmx | FB /fannylopezmx