Corona Capital Sessions 2025: Una nueva oportunidad para el reencuentro musical

El Corona Capital Sessions se llevó a cabo por primera vez en Zapopan, en el estadio 3 de Marzo, con un formato que juntó en un mismo concierto a The Kooks, Phoenix y Keane. Más allá de resaltar la organización y seguridad del evento o la puntualidad precisa de cada presentación, quisiera destacar la manera en que estas tres bandas nos mostraron diferentes formas de ganarse al público y de hacer un excelente show, cada una con su particular toque y estilo, acorde a lo que transmiten con su música.

A The Kooks le tocó la misión más complicada: ganarse a un público que apenas llegaba al estadio, pues es parte de las problemáticas de los eventos que se realizan entre semana y que comienzan temprano. Mucha gente sale tarde de sus trabajos o simplemente se entretiene en el acceso o en las amenidades que ofrecen este tipo de espectáculos. Por si no fuera suficiente, no podían contar demasiado con la ayuda de elementos visuales como humo y estrobos, pues aún reinaba la luz de día. Pese a esto, lograron romper esas barreras con su música y su carisma, en especial de su vocalista Luke Pritchard, quien fue conquistando a la gente y logrando que corearan las canciones y apoyaran con aplausos y con vaivenes de manos al aire. A lo largo de su presentación, Luke se concentró principalmente en la voz, aunque también acompañó su interpretación con guitarras acústicas y eléctricas. En su repertorio se incluyeron los éxitos más conocidos de la banda, sin embargo, el momento más emotivo fue cuando pasó al piano y contó que la siguiente canción, de nombre «See me now», llevaba muchos años sin tocarla en vivo, pues se la había dedicado a su padre fallecido tiempo atrás y le resultaba difícil, pero que ahora que acababa de ser papá podía darle un nuevo significado y reconciliarse con ella. A través de detalles como ese, o el hecho de decir en español «muchas gracias» o pedir ayuda al público con la frase «please, carry me», el cantante mostró un lado humano que quedó perfecto para la ocasión y se llevó el apoyo del público que aumentaba cada vez más.

Luego fue el turno de Phoenix, quienes desde su entrada magistral, ya con la ayuda de la noche y el público, fue impresionante. La sonoridad también cambió profundamente, pues el uso de sintetizadores y secuencias electrónicas se convirtieron en un llamado inmediato a la fiesta. Además de la impecable calidad musical, me sorprendió la calidad del show en su conjunto. Fue todo un viaje la canción “Love like sunset” (pt. I y II), la cual es principalmente instrumental y de larga duración, que mostró los riesgos que están dispuestos a correr como artistas, pues lo que podría ser un momento donde la energía y el ímpetu fueran a menos, se convirtió en toda una experiencia sensorial gracias a la proyección de un recorrido que parte de una pareja y se va alejando poco a poco hasta llegar a ver planetas y galaxias enteras y luego regresar a la pareja inicial y ahora convertirlo en un viaje microscópico que termina con las últimas partículas visibles. Es un grupo que no solo piensa en la parte sonora y que, al contrario, lo toman como su bandera y lo utilizan a su favor, ya sea con binoculares que proyectan al público, con elementos teatrales y personajes caracterizados que aparecen y desaparecen o mediante el uso del juegos de palabras en francés, inglés y español del vocalista Thomas Mars, quien se lanzó hacia el público y navegó entre las manos de los asistentes. Definitivamente son más que su buena música.

Para culminar esta celebración, Keane salió al escenario demostrando por qué eran la banda encargada de cerrar después de haber visto las dos joyas anteriores. Una efusiva bienvenida del público ayudó a recalibrar los oídos de los asistentes, pues después de pasar del sonido crudo y orgánico de The Kooks y de las atmósferas sonoras y electrónicas de Phoenix, se sentía un poco el vacío de las frecuencias de guitarras (por ser una banda que carece de ellas) y el bajo estaba en un primerísimo plano, dominando todo. No obstante, una vez que el piano fue cobrando relevancia, la experiencia fue muy íntima y reconfortante. Con su estilo característico, siempre emotivo, sincero y a veces melancólico, además de la gran empatía y carisma de parte de su cantante Tom Chaplin, quien portó una bandera mexicana en la base de su micrófono durante el concierto y fue el que más frases en español articuló de todo el evento, lograron hacer vibrar a todo el público. Además de tocar sus canciones más reconocidas, incluyeron piezas de toda su discografía, incluso haciendo corear una sección melódica que parecía solo ser una dinámica con el público e integrándola más tarde en la interpretación del tema. El cierre del concierto se llevó a cabo con el tradicional encore, donde tocaron cuatro canciones, entre ellas una versión de “Under pressure”, la emblemática canción de Queen, demostrando sus innegables raíces e influencias británicas.

De lo que menos disfruté del concierto fue justo esta etapa de cierre, pues como sucede en los festivales, mucha gente comenzó a salir antes del encore para evitar aglomeraciones e hizo que la atención se perdiera en esa última etapa. Además, cuando Keane estaba aún despidiéndose, un show de drones de la marca patrocinadora inicio y robó la atención de la banda, haciendo algo disperso y poco emotivo ese momento. Pero fuera de ese detalle, me pareció un excelente formato para conocer más a fondo a algunos grupos, ya sea por primera vez o para reencontrarse con ellos, pues todas son bandas de gran trayectoria pero que por su estilo y las demandas del público actual pueden encontrar la dificultad de hacer un evento de esta magnitud como única banda y llenar por completo. Esperemos que la dinámica se repita y crezca año con año para que tengamos en la ciudad una alternativa más de acercamiento a la música y que, así como Luke Pritchard logró reconciliarse con la canción que había compuesto para su padre, el público jalisciense se reencuentre con la música que marcó parte de su vida.

Txt: Adán Madrigal | Invitado Impar
Fotografía por: Martín Esparza
Presentado por: Ocesa