Alejandro Sanz convierte Guadalajara en un enorme coro con el arranque de su gira “¿Y ahora qué?”

El sábado 3 de octubre, Guadalajara tuvo una de esas noches que parecen estar hechas para quedarse en la memoria. Alejandro Sanz llegó a la ciudad para arrancar en México su gira ¿Y ahora qué? y lo hizo ante más de 20 mil personas que llenaron el recién renovado Coliseo GNP Seguros, antes conocido como Estadio 3 de marzo.

Fue una noche de nostalgia, de canciones que forman parte de la vida de varias generaciones y, sobre todo, de muchos momentos que hicieron sentir que, aunque estuviera frente a miles de personas, Alejandro Sanz estaba cantándole a cada una de ellas.

La lluvia parecía que iba a convertirse en la protagonista de la noche. Durante buena parte de la tarde y entrada la noche, el cielo amenazaba con arruinar el concierto, pero, casi como si se hubiera puesto de acuerdo con los asistentes, la lluvia cedió justo a tiempo. Aproximadamente a las 21:30 horas las luces se apagaron y el recinto entero estalló en gritos y aplausos. En cuestión de segundos, el Coliseo GNP Seguros se convirtió en un coro monumental.

Desde el primer momento, Sanz dejó claro que tenía muchas ganas de estar en Guadalajara. “¡Hola, Jalisco!”, gritó al público, y a partir de ahí comenzó una constante interacción con sus seguidores. Se mostró cálido, relajado y muy cercano, disfrutando visiblemente de cada momento.

Uno de los detalles más emotivos llegó cuando mencionó a su hija Manuela, quien se encontraba entre el público. “Ella es más tapatía que nada”, dijo, haciendo referencia a que actualmente reside en Guadalajara, y agregó que ese era un motivo más para querer a esta tierra. El comentario provocó una reacción inmediata de cariño entre los asistentes.

La conexión con México también estuvo presente durante “Por bandera”. Alejandro apareció en el escenario con una bandera mexicana que ondeó mientras interpretaba la canción y que posteriormente regaló a alguien de la primera fila, provocando una enorme emoción entre quienes estaban cerca.

Incluso hubo un detalle que parecía pequeño, pero que para los tapatíos tuvo un significado especial: su baterista salió al escenario con una playera de los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara, equipo que durante años tuvo como casa precisamente al inmueble que hoy conocemos como Coliseo GNP Seguros. Una especie de guiño al pasado del lugar que no pasó desapercibido.

Pero quizá una de las cosas que más llamó la atención durante la noche fue la actitud de Alejandro con sus seguidores. En varias ocasiones pidió que le acercaran muñecos, carteles y otros objetos que los fans habían llevado y, después de mostrarlos, se los regresaba. No parecía una interacción preparada o distante, sino más bien el comportamiento de alguien que realmente estaba disfrutando el encuentro con su público.

En uno de esos momentos, una fan le pasó un letrero que decía: “De la quimio a tu concierto, hoy festejo estar viva”. Alejandro lo tomó, lo mostró al público y la reacción fue inmediata. El recinto entero respondió con un aplauso largo y emotivo. Por unos segundos, más allá del espectáculo, las luces y la producción, el concierto se convirtió en un momento de celebración por la vida. Fue, sin duda, uno de los instantes más especiales de la noche.

Musicalmente, Sanz estuvo acompañado por una banda internacional impecable, integrada por músicos y músicas de enorme talento, que mantuvieron un nivel altísimo durante todo el concierto. La complicidad entre ellos también era evidente y Alejandro se veía especialmente feliz sobre el escenario.

El repertorio fue un recorrido de más de dos horas por una carrera llena de canciones que se han convertido en verdaderos himnos. El concierto comenzó con temas como “Desde cuándo”, “Bésame” y “A la primera persona”, para después llevar al público a uno de los primeros grandes momentos de la noche con “Mi soledad y yo”.

La nostalgia continuó con “Quisiera ser” y “Regálame la silla donde te esperé”, canciones que el público cantó prácticamente de principio a fin. Pero si algo quedó claro esa noche es que hay canciones de Alejandro Sanz que no necesitan presentación: basta con escuchar los primeros acordes para que miles de personas sepan exactamente qué viene después.

La euforia alcanzó otro nivel con “Amiga mía”, “Cuando nadie me ve” y “El alma al aire”. El público cantaba, gritaba y acompañaba cada palabra, demostrando que muchas de estas canciones han sobrevivido al paso del tiempo y siguen teniendo la misma capacidad de emocionar que cuando fueron lanzadas.

Uno de los momentos más bonitos llegó con “¿Lo ves?”, interpretada al piano. Con Alejandro sentado frente al instrumento, el ambiente cambió por completo. El recinto se convirtió nuevamente en un solo coro, pero esta vez en un momento mucho más íntimo, de esos en los que miles de personas parecen guardar silencio para escuchar y, al mismo tiempo, terminan cantando a todo pulmón.

Y entonces llegó uno de los grandes cierres de la noche. Una versión electrónica de “Corazón partío” puso nuevamente a todos de pie y terminó de encender al Coliseo. Fue imposible no salir de ahí con la emoción todavía a flor de piel y una sonrisa de oreja a oreja.

Curiosamente, justo cuando terminó el concierto y la gente comenzó a abandonar el recinto, la lluvia volvió a caer con fuerza. Parecía que el cielo había dado una pequeña tregua para permitir que más de 20 mil personas disfrutaran la noche sin interrupciones y esperó hasta el final para volver a aparecer.

Más allá del impresionante espectáculo, las luces, las pantallas, la banda y la acústica del renovado recinto, quizá lo más destacable de la noche fue comprobar la vigencia de Alejandro Sanz después de 35 años de trayectoria.

A sus 57 años, Sanz sigue teniendo esa capacidad de hacer que canciones que algunos escucharon por primera vez hace décadas vuelvan a sentirse nuevas. Pero también demostró que su permanencia no depende únicamente de sus éxitos: su cercanía con el público, su espontaneidad y la evidente felicidad con la que estuvo sobre el escenario hicieron que el concierto se sintiera mucho más personal.

Guadalajara recibió la primera fecha de su gira por México y Alejandro Sanz respondió con una noche llena de canciones, recuerdos, emociones y pequeños momentos que difícilmente estaban en el guion, pero que terminaron siendo parte de lo mejor del concierto.

Y quizá esa sea la mejor manera de resumir la noche: más de 20 mil personas cantando las mismas canciones, recordando distintas etapas de sus vidas y comprobando que, después de tantos años, hay música que simplemente no envejece.

Txt: Ana Paula McCormick
Fotografía por: Martín Esparza
Presentado por OCESA